El Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo, es una fecha marcada por la reivindicación y el recuerdo de aquellas mujeres que lucharon y luchan con todas sus fuerzas y desde todos los ámbitos por la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres.
El Espiritismo siendo una doctrina filosófica de consecuencias morales y sociales, siempre estuvo comprometido con la lucha por la igualdad entre los hombres y las mujeres.
En el Libro de los Espíritus, el maestro Kardec muestra su preocupación cuando pregunta a los Espíritus sobre estas cuestiones, manifestando su compromiso social y humano con los derechos que nos asisten. La respuesta no nos deja ninguna duda al respecto:
“La emancipación de la mujer sigue el progreso de la civilización. Su esclavitud camina con la barbarie. Por otra parte, los sexos no se deben más que a la organización física. y puesto que los espíritus pueden tomar uno u otro, no existe diferencia entre ellos sobre este particular, y, por lo tanto, deben gozar de los mismos derechos».
No obstante, Amelie Gabriel Boudet fue un gran ejemplo de mujer emancipada, ilustrada, comprometida con la educación de las niñas en aquella segunda mitad del siglo XIX en una Francia convulsa y marcada por el régimen del emperador Napoleón III. Gracias a ella, a su dedicación, apoyo, soporte, altruismo e infinito amor, el Espiritismo es lo que es.
Mientras, la riquísima historia del Espiritismo en España sigue siendo ignorada por muchos.
Lejos de ser, como se quiso y se quiere hacer ver popularmente, un entretenimiento esotérico burgués del siglo XIX, el movimiento espírita español alcanzó un programa social muy avanzado, y su relación con otros colectivos como librepensadores, masones, republicanos, esperantistas, naturistas, etc., es para los estudiosos de hoy una realidad innegable.
El espiritismo implicaba una reformulación absoluta del papel de las mujeres: de ser consideradas un agente pasivo pasan a asumirse como agente activo del cambio social.
Son pocos los madrileños que saben que en el número 4 de la popular calle de la Ballesta se situó la Sociedad Espiritista Española en la que se organizaban charlas, debates, coloquios de todo tipo, en los que las mujeres podían tener una tribuna desde la que hablar y mostrar sus preocupaciones, sus inquietudes y sus reivindicaciones.
Esta institución fue frecuentada por Amalia Domingo Soler.
Ella fue una mujer muy comprometida socialmente y aunó fuerzas con mujeres de otras sensibilidades como Teresa Claramunt, Ángeles López de Ayala, en favor de la escuela laica para favorecer la educación igualitaria de las niñas.
Y sería junto a ellas que, en 1891, fundó la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona, la primera asociación feminista de España, radicada en el centro espiritista del Raval.
Allí se impartían clases nocturnas a mujeres trabajadoras y a favor de la educación laica.
Los orígenes del feminismo español se remontan a la sociedad fundada en Cádiz, en 1855.
Desde allí se difunden los Pensiles, publicaciones editadas por las seguidoras de Charles Fourier, el primer teórico anarquista en considerar la libertad de la mujer un objetivo prioritario.
Además, Amalia fundaría el periódico el periódico espiritista “La Luz del Porvenir” donde solo escribían mujeres, allí colaboraron pioneras del feminismo como Antonia Amat, Carmen de Burgos, Carmen Fuentes, Emilia Pardo Bazán, Natalia Casanova, Pilar Rafecas y Rosario de Acuña, por dar algunos nombres.
Hoy, aún queda mucho por hacer.
Las desigualdades sociales, salariales, la violencia estructural que sufrimos por el simple hecho de ser mujeres, los matrimonios con niñas menores, la imposibilidad en muchos lugares del mundo a una educación básica, y un largo etcétera, son motivos más que suficientes para no desistir en la lucha.
Como espiritistas, nuestro compromiso con la igualdad ha de ser grande, honrando así a las mujeres que llegaron incluso a perder su vida por defender los derechos de todas.
Redacción S.E.U.